La finalización de una relación laboral suele asociarse con un último documento: el finiquito. Sin embargo, tanto si se trata de una baja voluntaria, como de una finalización de contrato o de cualquier otra causa de extinción, hay varios aspectos que conviene revisar antes de dar por terminada la relación laboral.
El último día no debería ser simplemente una fecha en el calendario. Es el momento en el que deben quedar correctamente cerrados aspectos económicos, documentales y administrativos que afectan tanto a la empresa como a la persona trabajadora.
Una baja voluntaria no se gestiona igual que una finalización de contrato temporal, un despido o una extinción solicitada por el trabajador por determinadas causas.
Cada forma de extinción tiene sus propios requisitos y consecuencias.
En el caso de una dimisión, por ejemplo, debe respetarse el preaviso que corresponda según el Estatuto de los Trabajadores, el convenio colectivo o, en su caso, lo establecido en el contrato. Por eso, antes de fijar una fecha de salida, conviene comprobar qué plazo resulta aplicable.
El convenio colectivo puede ser especialmente relevante en este punto. No todos los trabajadores tienen necesariamente el mismo plazo de preaviso ni las mismas condiciones de salida.
Una gestión ordenada implica comprobar diferentes conceptos.
Entre ellos:
No todos estos conceptos estarán presentes en todas las extinciones. Precisamente por eso es importante analizar cada caso de forma individual.
Las vacaciones pendientes son uno de los aspectos que conviene comprobar cuando finaliza un contrato.
Como regla general, las vacaciones deben disfrutarse y no pueden sustituirse libremente por una compensación económica durante la vigencia de la relación laboral. Sin embargo, cuando el contrato termina y existen vacaciones no disfrutadas, estas deben reflejarse económicamente en la liquidación correspondiente.
Nuestro artículo El derecho a las vacaciones explica cómo se genera este derecho, cuándo deben disfrutarse y qué ocurre cuando la relación laboral finaliza existiendo días pendientes.
Por eso, calcular correctamente los días generados y no disfrutados es una parte importante de la liquidación final.
Es habitual que ambos conceptos se confundan, pero cumplen funciones diferentes.
El finiquito recoge las cantidades que quedan pendientes de liquidar al finalizar la relación laboral: salario, vacaciones no disfrutadas, pagas extraordinarias pendientes y otros conceptos que correspondan.
La indemnización, en cambio, sólo procede cuando la causa concreta de extinción genera ese derecho.
Por tanto, que una persona tenga derecho a recibir un finiquito no significa necesariamente que tenga derecho a una indemnización.
En determinadas extinciones, además, los requisitos formales son especialmente importantes. Nuestro artículo Despido objetivo: los tres errores habituales analiza algunos de los aspectos que deben cuidarse cuando la extinción se produce por causas objetivas.
La finalización de la relación laboral debería quedar correctamente documentada.
La comunicación de la extinción, la liquidación de las cantidades pendientes y el resto de documentación correspondiente deben ser coherentes con la causa y la fecha efectiva de finalización.
Además, es recomendable revisar que los datos utilizados para realizar la liquidación sean correctos y que no queden conceptos pendientes de incorporar.
Una gestión ordenada permite que ambas partes conozcan con claridad qué se ha liquidado, cuándo finaliza la relación laboral y qué documentación acredita la salida.
La finalización de un contrato no siempre implica un conflicto. En muchas ocasiones es simplemente el cierre natural de una etapa profesional.
Precisamente por eso, gestionar correctamente los últimos pasos ayuda a que la salida se produzca con claridad, orden y seguridad jurídica.
Antes de fijar el último día, conviene revisar la causa de extinción, los plazos aplicables, las cantidades pendientes, las vacaciones y la documentación necesaria.
En Fortuny & Associats acompañamos a empresas y trabajadores en la gestión de las distintas formas de extinción de la relación laboral, analizando cada situación de manera individual.
Una relación laboral también merece una buena gestión en el momento de terminar.